TEMA:
Oración

Problemas con la Oración y Como Resolverlos

Inconsecuencias en la Vida de Oración

II.  Nuestra Inhabilidad Para Seguir Instrucciones

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“No Uséis Vanas Repeticiones”

Por Mariano González V.

     Con la entrega presente proseguimos la serie sobre la oración que hemos venido desglosando en los cuatro artículos anteriores.  En dichos artículos discurrimos en detalle sobre el primero de tres puntos que tenemos intención de presentar. Dicho primer punto tenía que ver con las causas que nos encierran y amarran a una vida de oración mediocre. Concluimos que ese primer punto debíamos llamarlo: “Falta de Disciplina en Nuestras Vidas”. 

     En la presente entrega empezamos a abordar el punto número dos. Lo hemos titulado “Nuestra Inhabilidad Para Seguir Instrucciones”. Más adelante esperamos seguir desarrollando la serie con la presentación del tercer y último punto.  Lo vamos a titular: “No Sabemos Imitar Buenos Ejemplos”. No se pierda usted de ninguno de estos artículos y alerte a sus familiares, amigos, vecinos, y hermanos de la iglesia, para que ellos también sean bendecidos con la lectura de estas reflexiones sobre la oración.

     “Nuestra Inhabilidad Para Seguir Instrucciones” es otro de los ingredientes negativos que militan contra nuestro progreso espiritual y contra el normal ejercicio de la oración en nuestras vidas. Las Sagradas Escrituras se adelantan para darnos instrucciones precisas que nos eduquen en cómo orar, como hacerlo bien, cómo regocijarnos haciéndolo, y cómo hacer de la oración una práctica ininterrumpida.  Mt 6:9-13 es fundamentalmente un conjunto de instrucciones precisas para orar bien. En su momento estaremos analizando esta oración directamente del texto de Mt 6:9-13.

     Hay los que llaman al pasaje de Mt.6:9-13 la Oración Modelo”. Otros lo llaman la “Oración Dominical”. Otros, dicen que es la “Oración del Señor”. Queremos prevenirle de entrada que eso de “Oración Modelo” jamás deberá entenderse como una invitación a rezar. Más adelante le diremos por qué. En cuanto a lo de “Oración Dominical” resulta un título inadecuado siendo que el mismo puede llevar a algunos a creer que la oración sólo puede ejercerse los días domingos. Efectivamente, la guía para la oración disciplinada que destilan los versículos de Mt 6:9-13, puede ponerse en práctica los lunes, los martes, los miércoles y todos los demás días de la semana. La etiqueta de “Dominical” no le cabe. Actualmente, el mandato que tenemos en la Palabra del Señor es el de: “Orar sin cesar” (1 Ts 5:17). Usted no haría mal al orar el día domingo, pero haría muy mal conformándose con orar un solo día a la semana. Es menester que ore también el resto de la semana, del mes, del año, y por toda la vida. La experiencia enseña, y las necesidades diarias demandan, que aun en un mismo día se precisa orar muchas veces. Como el cuerpo necesita respirar a cada instante, así la oración debe llegar a ser la respiración normal de la vida espiritual del creyente.

     El nombre “Oración del Señor” no encaja tampoco. Creemos que viene mal dirigido. Estrictamente hablando pudiera decirse que la oración de Mt 6:9-13 es del Señor únicamente en el sentido de que fueron instrucciones salidas de sus labios. No obstante, fueron dadas para la instrucción y consumo de sus discípulos y no para el uso del Maestro. Si usted se fija bien, Mt 6:9-13 es una oración que el Señor mismo en conciencia no podía pronunciar. Repito: El Señor no podía en conciencia hacer esta oración siendo EL quien era, y quien todavía es, perfecto Dios y perfecto hombre. Como hombre perfecto, no le cabe la parte que dice: ”perdónanos nuestras deudas”, porque en realidad, ninguna deuda o pecado Cristo tenía que hubiera que perdonársele. Por cierto, las Escrituras aseguran que Jesús el hombre no “conoció pecado” (2 Co 5:21).  Aseguran además que el Señor Jesús fue “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos” (He 7:26) y que jamás “hizo pecado ni se halló engaño en su boca” (1 P 2:22). Como Dios, tampoco le cabe la parte de la oración que dice: “no nos metas en tentación” puesto que la Biblia misma afirma que “Dios no puede ser tentado por el mal, ni EL tienta a nadie” (Stg 1:13). Por consiguiente, la oración modelo no viene cortada como un patrón para el Señor Jesús sino que está orientada más bien a llenar la necesidad de sus novatos aprendices.

     Tenga por seguro, que lo que encontramos en Mt 6:9-13 intenta ser un ejemplo de cómo se debe orar.  Valga decir, es una oración modelo. Modelo para sus discípulos, no para Cristo, como ya hemos afirmado. Es una oración que contesta la petición que los discípulos le hicieron al Señor Jesús justo antes de EL darles el patrón de Mt 6:9-13. Lucas 11:1 registra la petición que motivó a Jesús a darle a Sus Apóstoles el modelo que comentamos. Esto fue lo que ellos pidieron: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. En respuesta a este pedido específico, el Señor Jesús les dio la oración específica contenida en Mt 6:9-13. Dada la impropiedad de los nombres que le han adjudicado a la popular oración, resulta más apropiado llamarla “La Oración de los Discípulos” o “La Oración que Jesús enseñó a sus Discípulos” pero nunca “La oración del Señor”.  

     El Nuevo Testamento contiene varias oraciones que Cristo hizo. Estas sí que son oraciones del Señor. Entre otras cosas, ofrecen formidables contrastes con el modelo de oración que El propuso a sus seguidores. Vea, por ejemplo, Su oración en Juan 17:1-26, o la oración frente a la tumba de Lázaro o la oración en el Jardín de Getsemaní, etc.   

     Es evidente que Mt 6:9-13 es un patrón de oración para que los discípulos aprendieran a cortar sus propias oraciones. A ‘cortar’ dije, y no, a ‘repetir’ sus oraciones. A ‘cortar’ como hacen los sastres y las modistas con la tela que usan para hacer un pantalón o un vestido. Antes de cortarla ponen primero sobre ella un patrón de papel o de cartón. Luego con una tiza especial van marcándola justo alrededor de los contornos del patrón. Guiados por esas marcas proceden entonces a cortar la tela para luego armar como vestimenta útil las distintas piezas que han cortado.

     Nunca podremos enfatizar demasiado el hecho de que esta oración es un patrón, un modelo, un mapa o plano, un bosquejo si se quiere, y no el material para una letanía repetitiva. Repetir muchas veces esta oración equivaldría a rezar, pero aquí el Señor está dándoles una pauta, no para rezar, sino para orar. Obviamente hay gran diferencia entre rezar y orar. (Vea nuestro impreso REZAR VERSUS ORAR).

     No pase usted por alto un versículo que en contexto antecede al patrón que el Señor dio a sus alumnos. Me refiero al versículo siete en que el Señor hizo un verdadero ataque preventivo contra la tendencia humana de mecanizarlo o rutinizarlo todo. La tal tendencia es perpetuada por los rosaristas de ahora. En el versículo siete Jesús advirtió en términos incuestionables contra el cotorreo que pudiera convertir tan inteligente instrucción en un estéril rezo. Sí, en un rezo como el que practican las monjitas del convento cuando recitan el “Dios Te Salve María”, o como los curas cuando verbalizan cotorroideamente el Padrenuestro.

     Pero no se apresure usted a congratularse mucho si es que usted es evangélico.  Es posible que usted esté pensando que el rezo se practica solamente en el entorno de la religión popular. Si es esa su creencia, tengo noticias para usted. Hay tal cosa como los “rezos evangélicos” también, así como también existe un “latín protestante”. ¡Ojo con las recitaciones que tan a menudo se cuelan en la subcultura evangélica!

     Deténgase ahora por un momento. Ponga suma atención y empeño.  Estamos por transcribir directamente del Nuevo Testamento la incisiva advertencia del versículo siete con que Cristo preventivamente pulverizó todo intento de oración repetitiva. Les dijo EL: “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”. La Nueva Biblia Española lo expresa así: “No sean palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso”.  La Versión Popular, por su parte, lo vierte de esta manera: “Y al orar no repitan ustedes palabras inútiles, como hacen los paganos, que se imaginan que cuanto más hablen más caso les hará Dios”.

     El versículo siete de Mateo 6 debe pues prevenirnos, de una vez por todas, contra la práctica de repetir, repetir, y repetir, y volver a repetir el mismo palabrerío como hacen los loros y los paganos. Esto se aplica no sólo a la repetición verbatium del Padrenuestro, sino que también puede incluir otra jerga repetitiva que existe y que se oye constantemente en círculos protestantes.  La misma podrá venir salpicada de un rosario de versículos, y a menudo vertirse con una cascada de fraseología de cuño protestante.

     Dicha jerga es todo un dialectoide que caracteriza el orar de los evangélicos. Ese “otro” cotorreo igual nulifica, y deja sin efecto, el rico significado y la sublime esencia de lo pautado por Cristo en el Padrenuestro. El disco rayado de las repeticiones evangélicas resulta inútil lo mismo.  En la práctica es igualmente incapaz de afectar las fibras íntimas del alma, o de levantar el corazón hacia el Infinito. La oración verdadera supone ser un ejercicio vivo y dinámico y no una práctica muerta y mecánica. Buscar protestantizarla con una nomenclatura biblificada pero que todavía persiste en usar las mismas ideas y las mismas palabras cansadas, la destinan a entregar el mismo resultado estéril del rezo. Lorificar la oración conduce a practicar religión en el vacío. Crea el efecto contrario a la intención original del patrón entregado por Cristo a sus seguidores. 

     Es hora ya de que alcancemos nuestra mayoría de edad espiritual. Que aprendamos a expresarnos extemporáneamente ante el Dios de toda la tierra. Que emitamos en Su presencia nuestros sentimientos íntimos con total frescura. Que sepamos soltarnos con libertad ante Aquél que inclina su oído y se deleita con nuestras peticiones.

     Si el lector desea ahondar sus conocimientos sobre la diferencia abismal entre rezar y orar, solicite hoy mismo una copia de nuestro impreso titulado “REZAR VERSUS ORAR”.  La enviaremos gratis a cuantos la soliciten. Note la dirección que damos al pie. Cuando escriba, mencione el título del folleto: Rezar Versus Orar.

     Bendiga el Señor su vida enriqueciéndola con una buena dosis de su presencia hoy y siempre y le tome de Su mano poderosa para mostrarle la vía de acceso a la oración que prevalece. En la edición del mes que viene de esta revista proseguiremos nuestras reflexiones sobre las inconstancias en la vida de oración.  No falte usted a esta cita. Nos vemos entonces.

See you later!  (Le veremos más adelante).

 

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