TEMA:
Oración

Problemas con la Oración y Como Resolverlos

Inconsecuencias en la Vida de Oración

II. Nuestra Inhabilidad Para Seguir Instrucciones

- C -

La Mirada Hacia Dentro

"Y No Nos Metas en Tentación, más Líbranos del Mal"

Por Mariano González V.

La entrega presente enfoca el tercer golpe didáctico en la mirada hacia dentro del Padrenuestro.  La misma ubica en el interior nuestro el modus operandi de la tentación.  Sugiere además, por asociación, otros dinamos externos que a menudo sirven de ignición a la tentación, que la manipulan, le dan masaje y la alimentan.

De entrada, permítame que le pregunte:  ¿Ha sido usted tentado?

No oí una respuesta por lo que voy a repetirle la pregunta.

¿Ha sido usted tentado?

 — Mariano, ¡Despierta! —  ¡Esto no es una conversación sino un artículo! No están escuchándote, sino leyéndote. Por tanto, no esperes una respuesta audible. 

De todos modos, y a pesar de este aclarando, la pregunta no pierde sus garras ni se desvirtúa, por lo que la voy a hacer de nuevo.

Lector nuestro . . .  ¿Ha sido usted tentado?

No espero respuesta audible ahora, pero me conformo con su reacción.

Como no lo tengo de frente para verlo, ni cerca para escucharlo, apretaré el botón de arranque para el radar de mi sexto sentido y desplegaré mis ultra sensores o poderes extra sensoriales para identificar, decodificar, y transcribir lo que surca por su mente cuando se le pregunta: ¿Ha sido usted tentado?

¡Z z z a p!  ¡Hecho!

Si el radar y mis sensores me han funcionado bien, acabo de decodificar su reacción/respuesta y lo que percibo y oigo es un rotundo ¡Sí!  

Entonces . . . todo lo que falta es que lo felicite por tan sincera admisión.

Siendo que usted también ha sido tentado, entonces . . . entiendo que . . .  ¡Usted debe ser como yo! Que también es como cualquiera de los mortales.

¡Bienvenido al club!

Pero antes de que se me entusiasme mucho, preste atención a lo que la Escritura le dice a usted, a mí, y a todos cuantos son tentados. 

¿Está listo?

 "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Co 10:13).

Rápidamente, note cuatro cosas sobre la tentación en 1 Corintios 10:13:

1.      La tentación no es un patrimonio exclusivo suyo.  Es una experiencia común a todos los hombres. Por lo tanto sacuda de sus emociones el complejo de “pobrecito de mi, no soy más que una pobre víctima. ¿Por qué yo?”

2.      La tentación está siempre bajo control -  Dios le ha puesto límites y no permitirá que usted sea tentado más allá de la habilidad que usted tiene para resistir. Y . . .  ¡Celebre!,  ¡Celebre!, El Señor sabe  de antemano que usted es como una galletita de soda que se quiebra a la menor presión.  Pero . . . ¡Aguántese ahí, mi pana!, y “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida“ (Pr 4:23).    Dios controla el grado de presión interna o externa que pueda ejercerle la tentación y para echarle una manito no permite que usted llegue al punto de quebrajarse. ¿No es esto maravilloso?  ¡Fantástico!  ¡Que Dios tan bueno! Y también  . . .  ¡Cuán poderoso!  “Este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; El nos guiará aún más allá de la muerte” (Sal 48:14)  Y . . .  acá abajo . . .  los brazos eternos para sostenerle e impedir que caiga. Aférrese de su Mano Todopoderosa y por nada del mundo se suelte de allí.   Siga confiando en el Dios a quien usted ha tomado por Dios y quien lo ha aceptado a usted como su hijo. Esto debiera ser suficiente, aunque no es todo.

3.      1 Corintios 10:13 contiene un bono extra para usted, un happy birthday present: Dios no da tentaciones, sino salidas.  Las tentaciones proceden de otras fuentes. Lo que Dios da es una ruta de escape, la “salida, para que podáis soportar (“aguantar RVRO)”. 

¿Y usted se creía que andaba solo en la lucha?

 Que lo habían dejado a sus propias fuerzas para lidiar con tan poderoso adversario.  Tal vez por eso ha fracasado tantas veces, porque ha tratado de lidiar usando sus propias fuerzas y descansando en su propia pericia. 

Un momento, mi amigo.  Haga ahora una pausa, respire hondo, tome impulso, y dispóngase a comenzar de nuevo.  Es hora de que haga usted un enfoque nuevo y más realista de este agudo problema.  Implementando dicho enfoque nuevo experimentará mayores victorias y cosas significativas salpicarán su experiencia cristiana. Así que recíclese, y reoriéntese.  Apéese del borriquillo en que hasta ahora venía cabalgado pues ya no le sirve.  Acotéjese a cabalgar sobre el brioso corcel de una nueva dimensión.  La tentación es pues “soportable” (Stg 1:12).    -  pero usted tiene que partir ahora motorizado por una mentalidad distinta que le permita lidiar más eficientemente con  el flagelo de la tentación.  Ya no necesitará usted ceder, no tendrá tampoco que sucumbir, ni estará obligado a tirar la toalla. Su reevaluación le permitirá mantenerse erguido sobre sus pies, firme, y sin quebrajarse como la galletita de soda. De modo que, ¡Paso firme, compañero peregrino! ¡A conquistar cumbres nunca soñadas! Pero, es menester replantearse el problema y empezar a planear la victoria, porque el que fracasa en planear, planea fracasar.

4.      La tentación no es un callejón sin salida, sino una amplia avenida de oportunidades para crecer y fortalecerse en la fe. La victoria sobre la tentación se basa nada menos que en la fidelidad de Dios: “Dios es fiel” y “Fiel es Dios”. Su antídoto se aplica a tiempo y en dosis adecuadas a la fiereza de la tentación.

Vamos a lo específico ahora:

¿Ha sido usted tentado a mentir alguna vez?

¿A cegar a los incautos cubriéndose con una cortina de humo ingeniando representaciones mediatizadas e insinceras para descarrilarlos?

¿Ha sido tentado a indulgir en alcohol?

¿A enredarse en inmoralidad sexual?

¿A robar?

¿A matar a alguien?

¿A suicidarse?

¿A vengarse de alguna ofensa?

¿Es su listado aún más largo que el sugerido arriba?

¿Ha sido usted tentado a hacer una, o más, o todas las cosas mencionadas aquí?

¿Ha sido tentado a hacer otras fechorías distintas a las ya mencionadas?  

          Si bien es imposible para mi saber cual, o cuales son sus puntos vulnerables, o las flaquezas inherentes a su persona, preste buena atención a lo que esta otra Escritura tiene que decirle: "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte

 de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (Stg 1:13-14).   

Como puede colegirse, Dios no es Quien “nos mete” en tentación.  Somos nosotros mismos los que nos metemos. El no tienta a nadie sino que “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido” (1:14).    Esa palabrota ‘concupiscencia’, quiere decir “deseo inmoderado de los goces sensuales”.  Se trata de nuestros propios “malos deseos” (V.P.); “malos pensamientos y malos deseos” (BAD); “su propio deseo que lo arrastra y seduce” (NBE).   

La tentación viene pues empotrada en las fibras mismas de nuestra naturaleza, es inherente a lo que somos. Opera desde adentro aunque a veces es susceptible de ser estimulada desde afuera. Agentes externos (satanás y el mundo) pueden también incitarlo a pecar contra el Altísimo.  Afortunadamente, Santiago 1:13-14 hace imposible cualquier extravío en la comprensión de lo dicho por Cristo en el Padrenuestro: “Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal”.  La interpretación que provee Santiago hace innecesario el serio desvío en que podrían incurrir algunos que al leer Mt 6:13 se desviarían cometiendo la monstruosidad de hacer a Dios moralmente cómplice del maligno, del mundo, y de la carne. Por de pronto, Santiago exonera a Dios de participar en la industria de la tentación y San Pablo lo ha situado como el Proveedor de salidas (1 Co 10:13). ¿Será por eso que se llama Jehová Jireh?  Proveedor de salidas, se ha dicho, y no de fracasos. 

 “Velad y orad, para que no entréis en tentación, el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt 26:41)  enuncia la estrategia de contingencia que permite nos mantengamos a flote. Así que a velar con los ojos abiertos a las realidades y situaciones que sutilmente ofrece la tentación, y a orar con los ojos cerrados para que estos no se claven en ellas, sino en Aquél que da la salida para que podáis aguantar. 

Por un lado, ocúpese diligentemente en alimentar el espíritu con la Palabra de Dios y la oración porque el espíritu está dispuesto.  Por el otro, deje hambrear la carne porque moralmente es débil y metafóricamente está enferma. Escriturariamente es lícito dejarla morir. La Escritura concede la oportunidad para dejar que este enfermo muera por inanición y negligencia intencional. ¿Recuerda el consejo:“No  proveáis para los deseos de la carne” (Ro 13:13)? ¡Ahí esta! ¡Déjela que desee todo lo que quiera!, pero asegúrese de cortarle la fuente alimentaria.  Permítale que se seque de hambre.

Como habrá podido discernir usted, la Biblia es el mejor intérprete de la Biblia.  Las Escrituras de 1 Corintios 10:13 y Santiago 1:13-14 contextualmente interpretan para nosotros lo que Cristo quiso decir cuando enseñó a sus discípulos a pedir en el Padrenuestro: “Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal”.  Con esta frase no sólo recordaba el poder arrollador de la tentación sino que también recomendaba el uso de la oración como instrumento de liberación.

A todas luces, La Palabra de Dios usa la frase "ser tentado" a lo menos de dos maneras diferentes:

1.                          Para significar una prueba que Dios manda a fin de sondearnos poniendo a prueba nuestra fe, o cuando tantea nuestro carácter, o ambos.  Así, cuando en el libro de Génesis dice que "Dios probó a Abraham" (Gn 22:1)    lo que quiere decir es que lo sondeó. Lo mismo hizo Cristo cuando quiso probar a Andrés (Jn 6:5-6).   Bien decía Tomás de Aquino que “Tentar no es otra cosa que tantear”.

2.                          En el sentido de instigación o seducción a pecar.  En el caso de Jesucristo (Mt. 4:1-11),  se usa en el sentido de incitación a pecar.  Acertadamente, Ambrosio sintetizó en una sola sentencia ambos ángulos. Dijo este cristiano de antaño: "El Diablo tienta para arruinarnos, Dios prueba para adiestrarnos".

En la tentación de Cristo (Mt. 4:1-11) se afirma que “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” (Mt 4: 1). El mismo Espíritu Santo que en el capítulo anterior había visitado a Cristo en forma como de paloma en ocasión de su bautismo, y cuya presencia completó el cuadro trinitario que contextualizó la resonante intervención audible por parte del Padre:“este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt 3: 17), es el mismo Espíritu que en el capitulo siguiente lo trae ante satán para ser tentado  (Mt 4: 1).

El propósito del Espíritu Santo y el de satanás, por supuesto, estaban separados por mundos de distancia. El propósito del Espíritu fue el de probar, pero el del diablo fue tentar. Cristo pasó el acrisolamiento del Espíritu, a la vez que superó la tentación de del diablo.  Resistió firme y mantuvo el encanto de su pureza y el esplendor de su realeza divina. Su victoria fue aplastante.  Significativamente, el Salvador usó como arma de guerra las Sagradas Escrituras en todas las instancias, las cuales citó al diablo aparentemente de memoria.  Lo desarmó con ellas, a la par que dejó un modelo de estrategia personal defensiva para nosotros y ofensiva contra el arsenal del adversario

Entiéndase que la tentación en sí misma no es pecado.  Ceder, dejarse seducir, es lo que la convierte en desobediencia a Dios. Llega a ser pecado cuando la consentimos, la amamantamos, le damos cabida y ejecutamos sus aviesas sugerencias. Usted no puede evitar que un pájaro se le asiente sobre la cabeza. Pero sí puede evitar que le haga un nido sobre ella.  Si un pájaro lo intenta, usted le da un rápido rapapolvo.  Así es con la tentación, cuando menos la espere viene como un rayo fulminante a su mente. ¡Rapapolvo con ella! El creyente que se respeta y que respeta la causa del Reino que representa, no coquetea, ni juega, (el que juega con candela tarde o temprano se quema), ni se expone deliberadamente a la tentación. Evita resbaladuras con ello, y la catástrofe de la caída.

En este punto, sería sumamente útil recordar la armadura de defensa que el apóstol Pablo propone al cristiano en Efesios 6:10-18. Fue diseñada específicamente para fortalecernos en el Señor y “en el poder de su fuerza” para que podamos “estar firmes contra las asechanzas del diablo . . .  y habiendo acabado todo, estar firmes” (v.1-2, 13).   Dicha armadura provee formidable protección contra la tentación desestabilizadora de la vida espiritual. El singular pasaje de Efesios, urge con fuerza al cristiano a “vestirse” y a “tomar” toda la armadura de Dios para que se defienda contra las maquinaciones del diablo y para que se mantenga “firme”, sin resbalar, en su carrera espiritual.  La armadura consiste de unas seis piezas distintas tomadas del símil del soldado romano, quien vestido de una armadura férrea, descargaba con éxito sus funciones militares de patrullaje.  Todas estas piezas, excepto una, eran armas defensivas.  Solo “la espada” era la única pieza ofensiva en este conjunto. “La espada” está identificada en el pasaje con la Palabra de Dios.  En otro contexto la Palabra de Dios es descrita como “más cortante que toda espada de dos filos” (Heb 4:12).  No hay que ser científico espacial para entender por qué Jesús escogió la “espada del Espíritu” para resistir la tentación del maligno, y por qué San Pablo nos urgió a tomar “toda la armadura de Dios . . . orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu y velando en ello con toda perseverancia y súplica(Ef 6:13,18) .

            ¿Qué nos queda? 

Pues aprender lo que significa vestirnos “toda la armadura de Dios” y “las armas de la luz” (Ro 13:12).    Este es un ejercicio de energía renovable que nos convendrá hacer todos los días.  Necesitamos también aspirar con todo el corazón a ser parte de la bienaventuranza de que habló Santiago: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (1:12).  

Oración:  “Señor, guárdanos en la tentación.  Señálanos con claridad la puerta de salida. Esfuerza nuestros pies para movernos a través de ella.  Líbranos de todo mal.  Líbranos del maligno.  Amén”

 

Ir al siguiente artículo

 

Vuelva a la tabla del Indice de los Tópicos