TEMA:
Aborto Provocado

 

Viaje En El Transbordador Fetal

X I

                     En el supuesto de que la sociedad humana "civilizada" llegara a aceptar el aborto inducido como práctica común y corriente normal, lo que estaría haciendo es tirando por la borda una valiosa creencia judeo-cristiana intrincada en la fibra moral de nuestras naciones y en sus sistemas jurídicos. La creencia en cuestión, establece que los fuertes tienen la responsabilidad de proteger a los débiles.

                   El aborto en demanda estaría constituyéndose ipso facto en una determinación selectiva sobre a quién se le permite entrar a este mundo de Dios. Se estaría predeterminando un número de seres humanos a quienes no se les conferiría el derecho a la vida. La sociedad se encontraría apoyando automáticamente la decisión de matar a algunos de sus miembros, e inconscientemente estaría creando una nueva profesión: los abortureros. La profesión de aborturero gozaría del status que ahora tienen los sepultureros en los cementerios. La nueva especialidad haría la doble función de médico y enterrador al mismo tiempo.

                   Una vez aceptada psicológicamente y establecida socialmente esta arbitraria y selectiva determinación, por gravedad, conduciría a otros pasos en el reajuste de valores. Habiendo perdido la sensibilidad y el respeto por sus valores tradicionales, la sociedad quedaría programada para seguir estirando sus conceptos sobre lo que es deseable, práctico, económico, o funcional. Muy pronto bien podría volcar en dirección del ya nacido la animosidad que ha acumulado contra el feto. Señalaría para la guillotina entonces los niños feos o los "malcriados", los de baja estatura o los de cierto color. Sin contemplaciones, con el endoso de las leyes y la aprobación de la sociedad, los "indeseables" serían despachados de este mundo por la vía rápida.

                   Aunque usted no lo crea, en el "siglo de las luces" el hombre todavía debate el tema de "¿cuándo empieza la vida?" No porque su más sano instinto no se lo haya aclarado, sino porque el amoralismo infeccioso de su sociedad desviada resulta un campo fértil para la duda y el debate. La predisposición amoral de la sociedad, programada para aceptar como normal la práctica del aborto intencional, proveería gustosa además la válvula de escape para que se extermine la vida ajena sin hacer a uno reo de asesinato. En buen castellano a esto se le llama "matazón despenalizada".

                   Si después de tantos siglos el hombre está todavía inseguro sobre cuándo empieza la vida, ¿cómo es que con tantísima seguridad se arroga el derecho de terminarla? ¿Por qué el hombre moderno se arriesga gratuitamente a tan serias equivocaciones? Cuando no estamos seguros de si alguien ha muerto no nos apresuramos hacia el cementerio para enterrarlo, antes bien, esperamos hasta que se determine por seguro si ha muerto.

                   Dejémonos de ceguera. Lo que no tiene vida, está muerto, y el muerto no crece. El embrión, en cambio, crece se desarrolla dentro del claustro materno porque tiene vida desde el momento mismo de la fusión del óvulo y del espermatozoide.  El muerto no se alimenta. El feto se alimenta vía la placenta durante todo el tiempo que está en el interior de la madre. El muerto tampoco siente ni padece físicamente. El feto ha demostrado sentir dolor y estertor, huir desesperado del fórceps o del curete asesino. El muerto no se mueve. En cambio el feto se agita como si estuviera nadando dentro del vientre. El muerto no oye. El feto se espanta y salta en el vientre cuando hay un estallido o ruido repentino procedente del mundo exterior. Hay quien afirme que el feto hasta conoce, y en su manera, responde intrauterinamente a la voz cariñosa de la madre. ¿Que cuándo comienza la vida? ¡Esa no debe ser ya más la pregunta! Lo que en realidad debemos preguntar es ¿cuándo es que no hay vida en el feto?

  Esa vidita de tenues manifestaciones en su gestación temprana va complicándose anatómicamente, expandiéndose físicamente, diversificándose fisiológicamente. Sigue al dedillo la programación genética que la simiente humana le confirió como herencia irreversible y que la Providencia Divina le prefijó en la creación. Afirmémoslo en los términos más categóricos, el feto es una persona, un ser humano independiente desde el momento de la fecundación. Si en verdad no estamos seguros de que hay vida en esa "masa de células" (como despectivamente la llaman algunos) ¿por qué la prisa en usar la guillotina, la espada de

Damocles, el fórceps, el curete, para hacerla picadillo? ¿No es más sensato esperar sólo unos mesesitos y el feto mismo nos lo dirá? Esperemos a que salga el bebé de su escondite y con una mirada de querubín, sin el uso del habla todavía, nos estará diciendo: "¡Aquí estoy yo, sano y salvo, vivo y activo después de mi excitante viaje en el  TRANSBORDADOR FETAL! Hago mi debut formal en el planeta tierra. Vengo a disfrutar de mis privilegios y a cumplir con mis obligaciones. ¿Me ves? ¡Tengo la imagen de Dios, estampada sobre mis sienes! Se me ocurre que soy un ser humano igualito a ti".

                   Esperemos un poco y cumplirá sus primeros añitos.  Nos demostrará entonces estar dotado de la magia del habla y entonces sí, que podrá expresar con elocuencia sus sentimientos, deseos, aspiraciones y vitalidad. Sólo unos años más y se desarrolla como adulto capaz de reproducirse. La materia muerta no se reproduce. Sólo los tejidos vivos tienen esa peculiaridad. En consecuencia, los signos de vida le han acompañado desde la concepción y le acompañarán hasta que rinda de nuevo esta vida en manos del Creador.

                   Señoras y señores ... nuestra sociedad debe tener uno o  dos tornillos flojos en ambos extremos de su fibra moral. Por un lado hace esfuerzos frenéticos y gasta millones salvando a los recién nacidos de 21 semanas (cincomesinos) y por el otro no para mientes para abortar a un no nacido de la misma edad.

                   Si bien la ley podrá sancionar el aborto en demanda, esto nunca lo hará moralmente correcto. La conciencia cautiva de los deseos de Dios nunca podrá aceptar como viable la aviesa práctica del hombre encallecido. Por legal que éste quiera hacerlo parecer, el instinto humano santificado nunca llegará a embriagarse tanto como para hacerse insensible ante el horror del aborto causado.

                   Como el no nacido no puede hacerse oír, queremos aprovechar estas líneas para apelar a la conciencia moral del lector, a sus instintos de decencia, y a su percepción de lo que es la dignidad del ser humano. Queremos proponerle que sirva usted de vocero al no nacido. Que grite usted por él. Sí, de voz en cuello, por todos los medios posibles: ¡PAREN LA MATANZA!

                   El Salmo 127:3 dice: "He aquí, herencia de parte de Jehová son los hijos; recompensa de Dios, el fruto del vientre". Dios está ciento por ciento a favor de la preservación de la raza. Interesado en su continuación. Está en pro del nacimiento feliz de los niños, a tal extremo, que considera el nacimiento como una herencia y como una recompensa. Usar de violencia contra una criaturita no nacida es caminar contrario a los designios del Creador. Más grave todavía, expulsarla del vientre es pecar contra el Soberano Dador de la gracia de la vida. El libro de Los Hechos 17:25 dice: "El es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas".

                    Por otra parte, la Biblia dice: "¡Horrenda cosa es caer en manos de un Dios vivo!" (Hebreos 10:31). Y con estas luces, paciente lector, nos preguntamos: ¿qué será de los médicos, enfermeras, parteros, parteras, madres y aun padres que se involucran en la contravención de las sabias disposiciones de Dios? Yo no quiero estar ni a cien leguas de distancia cuando éstos se presenten ante el Juicio del Gran Trono Blanco para dar cuenta por cada una de estas vidas con que han teñido de rojo sus manos. No quiero estar cerca de allí para oír la justa reprimenda y la apropiada recompensa de parte del Padre de toda carne y Juez de toda la tierra.

            Por otro lado, para fortuna del transgresor, la Biblia también dice: "El que encubre sus pecados, no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13). "Dios mira sobre los hijos de los hombres; y al que dijere: Pequé y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado, Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz" (Job 33:27). Así que, practicantes del aborto: médicos, enfermeras, madres, padres, todos, ¡hay esperanza para ustedes! El océano de la gracia de Dios es suficientemente amplio para abarcarlos a ustedes también. ¡Salgan al frente, pues! ¡Saquen a la luz su pecado! ¡Confiésenlo a Dios! ¡Apártense de la nefanda práctica del aborto! Digan en la presencia de Dios: "¡Pecamos, pervertimos lo recto y no nos ha aprovechado!" Y Dios, que es rico en misericordia, y amplio en perdonar, redimirá sus almas de la muerte eterna y los llevará con El a su luz (Proverbios 33:28).

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