TEMA:
Aborto Provocado

 

   

¿QUE DEL EMBARAZO POR   VIOLACIÓN O INCESTO? 

V I

                     Abordaremos en esta entrega el espinoso tema de si el aborto provocado es permisible o justificable cuando el embarazo es producto de la violación de la mujer.  En todos los casos suponen que ésta ha sido fecundada en contra de su voluntad, o en el caso de incesto. Por incesto queremos decir embarazo por el padre, un hermano, cuñado o familiar cercano.

                   No tengo la más mínima duda de que una mujer que ha sido forzada a una relación sexual obligada sufre un espantoso trauma psicológico muy difícil de sacudir .  La violación de una mujer indefensa constituye, a todas luces, un acto abominable, innecesario, e injustificado. La desmoralización y sufrimiento a que se somete la violada puede ser interminable, agonizante, e irreparable.  Debe ser siempre motivo para nuestra repulsa e indignación. Merece el título más obsceno en el catálogo de las cobardías. Debe acarrear la más severa condena por parte de la ley. La mujer que pasa por esta horrible experiencia amerita nuestra simpatía y nuestra ayuda incondicional. No obstante, las estadísticas demuestran que los casos de preñez por violación o incesto son una minoría.

                   Al decir minoría no queremos dar la impresión de que consideramos a la mujer violada como una simple estadística, ni su dolor como de poca monta. ¡Eso nunca! Cada mujer es un ente especial a los ojos de Dios y como individuo es objeto del amor de Dios y de su consideración e interés personal. Toda mujer es digna de total respeto y de la mayor consideración. Una sola mujer que pase por esta humillante experiencia es ya una catástrofe de proporciones gigantes y nunca una estadística insignificante.

Nos parece, sin embargo, que aun en el caso tan abominable e indeseable como lo es  el de la violación o el incesto, la mujer debe abstenerse de hacerse un aborto. Hay una vida humana gestándose en su interior que introduce una nueva dimensión a este problema. Creemos que a esta vida se le debe todo respeto y el completo reconocimiento de su derecho a seguir viviendo. Se le debe acordar el derecho a nacer.

                   La caridad y compasión inherente con que toda mujer ha sido dotada, demanda que el odio, la repulsa y la animosidad que aquélla pueda tener hacia el gestor no se vuelquen sobre el GESTADO. La vida que ha comenzado en su seno es un ente distinto e independiente. Esta criaturita no escogió ser engendrada. No fue ella quien pidió que se le trajese a la vida. Está allí por un deshonroso accidente y una cobarde acción en la cual no tuvo participación voluntaria. Nos parece que provocarle la muerte sólo sirve para añadir pena, agravar el trauma psicológico, aumentar el sentido de culpabilidad en la ya emocionalmente maltrecha mujer. Es sumar un mal a otro. Aritméticamente, un trauma más otro

trauma  es = a dos traumas. ¿Por qué no quedarse con uno solo llevando a feliz término el embarazo y cuando nazca el bebé darlo en adopción? Un acto de violencia nunca da licencia para cometer otro acto de violencia. En algún punto la violencia tiene que cesar. Y, nos parece, que aquí mismo hay un buen punto para comenzar.

                   Permítame preguntarle . . .  ¿Ama usted la vida?

                   ¡Estoy seguro que sí!

                   ¿Le gusta a usted divertirse? ¿Le fascinan ciertas comidas? ¿Le gusta la comodidad? ¿Se deleita usted en un hermoso paisaje de campo? ¿Se divierte con el deporte? ¿Atesora gustoso sus fotografías personales y aquellas de sus seres queridos? ¡Imagino que muchas son las cosas que dan colorido a su "dolce vita" (dulce vida)!  Al fin y al cabo, en el mundo no todo es malo y negativo. ¿Verdad? ...  ¡VIVA LA VIDA!

     Suponga por un momento que usted nació como producto de una violación a su madre ... ¿Aprobaría usted que ella le hubiera asfixiado el derecho a esa vida que tanto gusto y placer le causa ahora? ¿No es cierto que le hubiera gustado poder nacer? ¿Acaso no es aplicable, aún bajo esta abominable circunstancia, la sentencia bíblica que dice: "Haz con otros lo que quieres que otros hagan contigo"?

                     ¡Ya lo creo que sí!

                   El patriarca Job, discurriendo sobre un adversario potencial, declara: "El que en el VIENTRE me hizo a mí ¿no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz?" (Job 31:15).  Note el énfasis sobre el hecho de que el Dios soberano origina al hombre en el vientre, sea este un santo patriarca o su más vil adversario.

                   El profeta Isaías trae a colación, de manera vívida, la participación de Dios en la formación  INTRAUTERINA del patriarca Jacob y la verbaliza magistralmente con estas palabras: "Ahora, pues, oye, Jacob, siervo mío, y tú Israel, a quien escogí. Así dice Jehová, HACEDOR TUYO Y QUIEN  formó DESDE EL VIENTRE, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Jacob, y tú Jesurún, a quien yo escogí" (Isaías 44:1-2, 24).

                   El dulce cantor de Israel dice en el Salmo 22:9-10: "Tú eres el que ME SACO DEL VIENTRE; el que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde ANTES DE NACER; desde el VIENTRE DE MI MADRE TU ERES MI DIOS".

            Con esta fortísima indicación bíblica de la directa participación del Dios creador en la gestación de los individuos, me parece que aquél que intente provocar un aborto, debe primero detenerse, pensarlo dos veces, serenamente, profundamente, antes de arrogarse el derecho de poner fin a una vida humana. En el análisis final, la vida la origina Dios y sólo Dios tiene derecho de terminarla.

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