TEMA:
Aborto Provocado

 

   

M E T O D O S

D E   A B O R T O

 I V

                   Muchas madres modernas, insensibles y crueles, hacen uso de excusas egoístas,  resecas, y trasnochadas,  para ponerse en manos de médicos que no piensan dos veces para violar su voto hipocrático. Los mismos, se arman de instrumentos cortantes, de tenazas o pinzas aplastantes, de mangueras de succión o de jeringuillas cargadas de solución salina, para efectuar la más degradante y nauseabunda violencia contra la vida humana. Es de veras abominable, a la par que increíble, que aquellos que estudian y juran proteger y salvar la vida, se presten para ejecutar actos tan violentos y arbitrarios como lo es el de cegarle la vida a un inocente.

                   Hay madres y médicos que se arrogan la prerrogativa de Dios quien es el único que tiene derecho a quitar la vida puesto que es el único hábil para darla. Dios dice: "¡Ved ahora que yo,  YO SOY, y no hay dioses conmigo; YO HAGO MORIR, Y YO HAGO VIVIR; Yo hiero y yo sano" (Deuteronomio 32:39).

                   Hay varios métodos, todos violentos, de que se valen los practicantes del aborto. Trataremos de explicarlos lo más simple y brevemente posible. Lo hacemos porque estamos convencidos de que estas explicaciones se auto constituyen en denuncias necesarias. Cada una de ellas, inherentemente, es una protesta contra esta aviesa práctica que horrorizaría al Conde Drácula mismo. Confiamos que provocarán en el ánimo del lector la más indignada repulsa y que como resultado general conducirán a una conciencia colectiva que se levante para proteger incontables vidas, sobre las que queda pendiente la azarosa "espada de Damocles".  Si este fuese el resultado aunque fuere en un solo caso, si este trabajo disuadiera a una sola madre, a un solo médico a "parar la horrible matanza"; si por esta denuncia salváramos la vida a un solo bebé, nos consideraríamos altamente recompensados.

                    El primer método que mencionaremos es el método de la "dilatación y curetaje". En el mismo, se usa un cuchillo o curete tipo azadón. Este instrumento cortante se introduce en el útero de la madre. No para hacerle cosquillitas al bebé, sino para por medio de la manipulación forzada cortarle la placenta, decapitarlo y hacerle pedazos el cuerpecito. Luego se extraen estos pedazos y se depositan en una vasija de desperdicios. ¡Me ruborizo sólo de pensarlo! ¡Hasta cuándo Señor vengarás la sangre de los inocentes!

                   Un segundo método es el de la "succión". Consiste en introducir en la cerviz dilatada de la madre un tubo de succión al vacío de gran fuerza. Su fin es desprenderle los brazos al bebé, las piernas, la cabeza, etc. y por succión forzarlo hacia afuera hasta que caiga en un recipiente. Se le considera basura y nada más. El personal ayudante revisa estos pedazos con cuidado, contándolos tal vez, para asegurarse de que no se haya quedado un miembro del cuerpecito dentro del útero de la madre.

                   José Sobran, columnista del periódico The New York Tribune, describe en su columna las fotos macabras que vio de fragmentos de bebés abortados. Eran siete por todas. Cinco correspondían a un nenito abortado de seis meses. La primera foto era de un pedazo de la parte izquierda de la carita en la que se veía la punta de la nariz y parte del labio superior. La segunda era del cráneo y el cerebro todo aplastado, reconocible solamente porque había en la foto un par de ojos desprendidos. La tercera era igual que la anterior pero tomada de más cerca. La cuarta mostraba el pie izquierdo y la piernita de la rodilla para abajo. La quinta era del brazo desprendido de su zócalo mostrando claramente el músculo y el tendón todo desgarrados. Esta última foto mostraba una cantidad de sangre derramándose y la manita cerrada como si estuviera agarrando algo.

                       ¡Macabro!  ¿Verdad? Pero. . .  ¡desgraciadamente, verdadero!  Una foto sola de estas, habla volúmenes. Ninguna de ellas se puede objetar como fantasía porque ninguna foto puede inventarse. Describen lo que el ojo de la cámara ve. Desafortunadamente estas cinco fotos representan sólo un espécimen aislado de lo que sucede millares de veces, todos los días, en el podrido mundo en que usted y yo vegetamos. Muy pocas veces se oye defender el sacro derecho a la vida que tienen estas criaturas. 

Monstruosamente se les niega el derecho humano más fundamental: el de nacer.  Del derecho a nacer disfrutan en pleno sus inmisericordes verdugos. Lo gozan a plenitud pero se empecinan en negárselo a otros. Si las mamás de las mujeres que abortan intencionalmente o las de los médicos que practican esta infamia hubiesen creído en practicarse abortos, ni uno solo de estos espécimenes, madres y médicos, estuvieran ahora circulando por la tierra ocupándose de tan macabra tarea.

Otro método de aborto es el llamado "salino". Se ejecuta insertando una aguja por el abdomen de la madre hasta penetrar el saco amniótico del bebé. Se inyecta por medio de la aguja una solución salina en este saco donde vive, respira, y se alimenta el feto. El bebé respira y se traga esta solución venenosa, comienza a patalear y a sacudirse violentamente pero su muerte está asegurada en poco más de una hora. La solución salina quema literalmente al bebé quien es forzado a salir prematuramente del vientre. El expulsado sale de allí muerto, todo arrugado, y con grotescas expresiones dibujadas en el rostro. ¿Dolor? ¿Terror?

     Hay otros métodos. Pero para una muestra, un botón basta.

                    Los procedimientos arriba mencionados dan una idea draconiana, frankeinstenesca, de cuán inhumano y ciego el hombre llega a ser. ¡Con cuánto cinismo es capaz de exterminar su propia especie! La Biblia dice: "De palabra de mentira te alejarás, y NO MATARAS AL INOCENTE y justo; porque yo no justificaré al impío"  (Exodo 23:7). ¡NO MATARAS AL INOCENTE!  ¡Cómo viola el aborto provocado esta sabia advertencia! ¡Dios se apiade de esta inhumana sociedad!  El sexto mandamiento de la ley de Dios dice: "NO MATARAS", es decir, no cometerás asesinato.  Y. . .   mis amigos, no creo necesario pontificar sobre este mandamiento del decálogo eterno. Tiene la aplicación  más directa al asunto que nos ocupa.

                   Termino esta entrega con un llamado directo a la conciencia de toda mujer, madre actual o madre potencial: Mujer    . . .   no abortes el fruto de tu vientre. No violes los mas sagrados instintos con que te creó el SEÑOR. El sentimiento de culpabilidad te seguirá toda la vida. Será el fantasma funesto de tus noches de desvelos. Dios te ha asignado la importantísima función de protectora natural del embrión. Es una de las exclusividades que te confiere a ti como mujer. No estrangules tan altísimo privilegio de protectora para convertirte en destructora. No pases tu capacidad de amiga para tornarte en adversaria del ser inocente que en ti se ampara.  Por favor . . .   mujer . . .  no te atrevas a destruir lo que en realidad no es parte integra de tu cuerpo. El bebé de tu vientre no es tuyo como lo es tu apéndice o tus dientes. No dispongas de él. Es un ser aparte, es un ente vivo, independiente, con capacidad reproductiva propia; es un eslabón de la especie, con alma inmortal, con derecho individual a la vida. Es criatura de Dios, sí, del Dios del cielo ante Quien tú y yo tendremos un día que dar cuenta.

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