TEMA:
Aborto Provocado

 

E l   G r i t o

 I n a u d i b l e

V I I I

              En un salón de Escuela Dominical he presenciado una película requete pesada. Se exhibía para beneficio de un grupo de jovenzuelos de 14 a 17 años como parte de la enseñanza moral que su iglesia quería darles. A intervalos separados, vi a cuatro o cinco jovencitas levantarse y abandonar el salón bañadas en lágrimas. Parecía como si querían desmayarse. Vi a dos de los jovencitos abandonar el salón también, uno de ellos muy compungido y turbado.  Personalmente me sentí apabullado. Sentía como si me faltara el oxígeno, pero soporté a la brava hasta que terminó esta pesadilla fílmica. "El Grito Silencioso", que así se llama este rodaje fotográfico, fue producido usando la moderna técnica del ultrasonido. El mismo muestra cómo un bebé de once semanas, se retira precipitado, huyendo del instrumento que se ha introducido en su santuario para provocarle el aborto. Se le ve claramente agitarse, se le ve convulsionarse, sacudirse violentamente dentro del claustro materno en uno como esfuerzo desesperado, pero infructuoso, por salvar su vida. El indefenso nenito se aprieta contra una de las paredes de la habitación donde vive, luego contra la otra, pero su ejecutor lo persigue inmisericorde con el siniestro fórceps, o el curete. Se le ve abrir la boca como si fuera a lanzar un alarido de horror. De nada le valdría lanzarlo, nadie le escuchará. Su grito es un grito mudo. No se escucha. ¡Claro! ¡No hay más sordo que aquél que no quiere oír!  Y desafortunadamente, nuestra sociedad tiene demasiado de estas tapias voluntarias.

                   El director de EL GRITO SILENCIOSO, quien a su vez hace de narrador, es nada menos que el Dr. Bernardo Nathanson, un ateo de raza judía, y conocido ginecólogo del estado norteamericano de Nueva York. En años pasados abogó enérgicamente porque se liberalizara la ley del aborto. Una vez liberalizado el aborto en Estados Unidos, el Dr. Nathanson provocó más de mil abortos con sus propias manos y presidió miles y miles más que hicieron otros doctores bajo su tutela.

  El Dr. Nathanson ha dado un giro radical convirtiéndose en un ardiente antiabortista. Ahora combate tenazmente el aborto intencional al que ni corto ni perezoso cataloga de "crimen". En su libro en inglés ABORTING AMERICA (América Abortiva), el Dr. Nathanson confiesa: "Hay 75,000 abortos en el pasado de mi carrera médica. Una parte se hizo bajo mi administración o bajo mi supervisión como profesor y 1,500 que hice yo con mis propias manos. Lamento esta pérdida de vidas. Los errores de la historia no se recobran, ni las vidas perdidas se pueden hacer regresar".

¡Qué sobria confesión! ¡Qué peso de conciencia para llevar! El Dr. Nathanson considera que tanto su libro y ahora su reveladora película le "han limpiado de todo esto". Siendo un ateo confeso, no puede comprender cómo es que todavía hay cristianos que defienden el aborto inducido. Recibe a menudo amenazas de parte de los que favorecen el aborto. Sin dejarse intimidar por ellos prosigue vigorosamente una agresiva cruzada contra el aborto en la cual afirma y reafirma que "el aborto es un asesinato". Reta a todos a darse la oportunidad de ver "El Grito Silencioso", pues está convencido de que "el que ve esta película ya no puede estar a favor de la interrupción del embarazo". Por las razones escriturarias consideradas en artículos anteriores, y otras que hemos de considerar en artículos que siguen a éste, nosotros también concordamos con el Dr. Nathanson de que el aborto es un crimen contra la vida humana, y como tal, debemos abominarlo.

                   Queremos aprovechar la ocasión para hacer un llamado a la conciencia misma de obstetras y ginecólogos, cirujanos, anestesistas y profesionales de la medicina en general; de enfermeras y enfermeros, administradores de clínicas; comadronas y parteras; a las mujeres embarazadas y a sus maridos, y a todos y cualesquiera que esté involucrados en alguna forma en esta infamia del aborto: ¡Por Dios y por sus conciencias! ¡No manchen más sus manos con sangre inocente! ¡No cautericen sus conciencias con el feticidio! Ustedes no van a estar para siempre aquí. Tarde o temprano morirán para comparecer ante el augusto tribunal de Dios. La Biblia dictamina que "después de la muerte" viene el juicio. Y agrega, que "juicio sin misericordia se hará con aquél que no hiciere misericordia" (Santiago 2:13).

                   Afortunadamente, hay todavía esperanza de restauración para los transgresores. Pero se debe renunciar a las prácticas nefandas y pecaminosas. Dios muestra su amor para con nosotros, "en que siendo aún pecadores, CRISTO murió por nosotros" (Romanos 5:8). Cristo no conoció pecado. En su vida no se halló maldad. Sin embargo, "se hizo pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El" (2 Corintios 5:21). Es por la misericordia de JEHOVA que no han sido consumidos los pecadores no convertidos. Dios llama a todos al arrepentimiento y a la conversión. ¡Llorad por vuestros negros pecados! ¡Haced luto por vuestros delitos! ¡Confiad en el compasivo CRISTO que dio voluntariamente su vida a vuestro favor! ¡Hacedlo hoy mientras Dios todavía se os presenta en misericordia! "¡Volveos de vuestros malos caminos! ¿Por qué moriréis?" "Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos, si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de JEHOVA lo ha dicho" (Is. 1:18-20).  

Vuelva a la tabla del Indice de los Tópicos