TEMA:
Aborto Provocado

 

El Feto . . .

 ¿UNA PERSONA?
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                     En nuestra entrega anterior discurríamos sobre la personalidad inherente del no nacido, o sea, del embrión y feto humano. Nos hacíamos y todavía nos hacemos la pregunta: ¿Es el feto humano una persona? o lo que vale decir, ¿es el feto humano, humano?

                   Por definición, una persona es una "entidad física y moral, capaz de derechos y obligaciones". Una entidad es lo que constituye "la esencia del ser", y un ente es un "ser, el que es, o existe".

                   Entendemos que el feto humano encaja dentro del parámetro de la definición del diccionario siendo que es un ente físico y moral con derechos presentes y obligaciones futuras por cumplir.

                   La pregunta ¿es un embrión humano una persona? ¿es un feto humano una persona? se puede hacer también en todas las edades o etapas del desarrollo del hombre. ¿Es un recién nacido una persona? ¿Es un niño una persona? ¿Es un adolescente una persona? ¿Es un adulto una persona? ¿Es un anciano una persona? El concepto "persona", tal y como el concepto "tomate"  y el concepto "gallina" que discutiéramos anteriormente, encaja como manifestación de un mismo "ente" aunque en diferentes etapas de su desarrollo. El feto humano es una persona intrauterina que al nacer sólo cambia de habitación. No es meramente una persona en potencia, es una persona en esencia. El embrión-feto es una persona en sus etapas primarias de formación.

                   En el momento de la concepción, el padre y la madre, transmiten al embrión toda la vida y las características humanas que jamás tendrá. Después de la fecundación este proceso ya no puede ponerse en reverso a voluntad. No se le puede hacer más ni menos humano. Es entonces todo lo humano que jamás será. Concedemos que el embrión de cinco días no exhibirá exteriormente las características físicas que tendrá cuando llegue a los cinco meses, pero tampoco cinco días después de nacer tendrá delineadas las apariencias físicas del niño de cinco años o del anciano de noventa y cinco. Esencialmente, sin embargo, es la mismísima persona. La etapa embrionaria con que empieza su proceso no cambia el hecho de su humanidad y de su  personalidad inherente que luego proyectará in crescendo en formas más desarrolladas durante su niñez, juventud, adultez y vejez.

                   La Biblia nos da una interesante analogía entre el feto y la vida espiritual. En 1 Juan 3:2 dice: "Ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando EL (Cristo) apareciere, seremos semejantes a EL, porque le veremos como EL es".  Según Juan, el cristiano es tan hijo de Dios ahora que exhibe imperfectamente las características morales de Cristo, como cuando en la venida de Cristo sea conformado a la semejanza de éste. De la misma manera, el feto, informe primero, un poco mejor delineado después, es un perfecto paquete genético programado por Dios para desarrollarse como un adulto maduro. Es sólo el eslabón  de una cadena que culminará en el adulto.

                   ¿Es el feto humano una persona?

                   La pregunta huelga. Desde el punto de vista divino, Dios ni siquiera espera que un hombre nazca para conocerlo, santificarlo, y entregarle un oficio. Este fue el caso del profeta Jeremías de quien Dios dice: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones" (Jeremías 1:5). Dios tampoco espera que un hombre nazca para llamarlo, en el sentido de vocación, para el ministerio. Tampoco espera  que nazca para darle nombre, como en el caso del profeta Isaías, quien afirma: "JEHOVA me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria" (Isaías 49:1).    Las Sagradas Escrituras no esperan hasta el nacimiento para categorizar a unos de santos o para designar a otros como pecadores. De Jesucristo se le dijo a María en Lucas 1:35 que "lo santo" que nacería de ella sería llamado

Hijo de Dios. El salmista David, por su parte, se describe a sí mismo embrionariamente con estas reveladoras palabras: "En maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre" (Salmo 51:5).

                   Concluimos pues, que en la mente de Dios, el embrión humano es ya una persona a quien El nota. ¿Qué diferencia real hay entre el bebé que nació hace un minuto y el bebé al que le falta un minuto por nacer? Pues... ¡su ambiente solamente! ¡su lugar de residencia! Por cierto, el Nuevo Testamento que fuera escrito originalmente en griego Koiné, emplea la mismísima palabra tanto para designar al no nacido como al recién nacido. En Lucas 1:44 dice Elizabeth a María: "Tan pronto como llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo la criatura en mi vientre". En Lucas 2:16 hablando de los pastores dice: "Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José y al recién nacido acostado en el pesebre". La palabra que designa a Juan el Bautista (antes de nacer) como 'criatura' es la palabra Koiné brefos ('bréfos') que se usa en Lucas 2:6 de Cristo, el recién nacido o 'bréfos' que estaba ya en el pesebre. Este uso llega a ser harto significante en una lengua tan rica en vocabulario como lo es el griego. Los griegos bien pudieron hacer gala de una palabra distinta para 'feto' y 'niño' pero con una misma palabra, bréfos, describieron a ambos.

                   Nos parece por demás artificiosa la diferencia que se quiere establecer entre el bebé que está adentro del seno materno y el bebé que está afuera. Al bebé que está afuera está prohibido asesinarlo, pero al bebé de adentro la ley permite exterminarlo.

                   Esta ambivalencia conceptual muestra claramente la ceguera con que Satanás ha entenebrecido el raciocinio de ciertos hombres y cómo ha desarticulado su sensibilidad moral. Estas dos caras que hoy desvergonzadamente presentan frente al mismo problema, se ilustran con dos casos de que tengo noticia. El primero sucedió en California donde un hombre le entró a patadas en el abdomen a su esposa embarazada. La señora abortó un nenito muerto. La corte, sin embargo, determinó que este hombre no podía ser procesado o enjuiciado por asesinato, puesto que no había dado muerte a un ser humano. Es decir, este nenito, según el criterio de la corte, no era un ser humano. Curioso, ¿verdad? Cabe que pausemos aquí para preguntarnos... si no era un ser humano este nenito... entonces... ¿qué era?... ¿un animal?... ¿un vegetal?... ¿un mineral? Para seguir con la analogía de nuestra entrega anterior , el caso del abortado de California ¿se trataba de un pollito, de un tomate o de una piedra?

                   El otro caso tiene que ver con el Dr. Kenneth Edelin, quien fue llevado a corte acusado de asesinar a un recién nacido. El suceso ocurrió nada menos que en un hospital de Boston donde el Dr. Edelin iba a practicar  un aborto completamente "legal" a una señora. Como el embarazo estaba muy avanzado, el Dr. Edelin le hizo una operación cesárea a la madre extrayéndole el nene vivo. Luego, abandonó al infante para que muriera. El Dr. Edelin fue acusado y convicto de crimen y penado.

                   Nosotros nos preguntamos... ¿Qué diferencia había entre el feto que el Dr. Edelin procuraba abortar y el bebé que intencionalmente dejó morir? ¡ABSOLUTAMENTE NINGUNA! ¡Se trata del mismo nenito! Curioso como parezca, la misma ley que amparaba a este asesino, que le otorgaba licencia para que dispusiera de la vida del bebé que estaba adentro, lo condenó por matarlo cuando estaba afuera. ¿Resultado? Pues, que los médicos abortistas se cuidan de exterminar los bebés mientras estén adentro, antes de sacarlos, para evitar les caiga el peso de la ley que protege la vida de los que están afuera. ¿Cinismo? ¿hipocresía? ¿ambivalencia? ¿ridículas contradicciones y tecnicalidades legales?

                   ¡Llámelo usted lo que quiera!

                    En cuánto a mí, desde mi perspectiva  y mi manera de ver las cosas, el aborto provocado no es sino un puro crimen legalizado.   Y usted . . . ¿qué cree?

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